martes, 9 de diciembre de 2008

EL GATO CON BOTAS

EL GATO CON BOTAS

Por: Charles Perrault

Un molinero dejó como única herencia a sus tres hijos, su molino, su burro y su gato. El reparto fue bien simple: no se necesito llamar al abogado ni al notario. Habrían consumido el pobre todo el patrimonio.
El mayor recibió el molino, el segundo se quedo con el burro y el menor le toco solo el gato. Este se lamentaba de su mísera herencia:

_Mis hermanos, decía, podrán ganarse la vida convenientemente trabajando juntos; lo que es yo, después de comerme a mi gato y de hacerme un manguito con su piel , me moriré de hambre.

El gato, que escuchaba sus palabras, pero se hacía el desentendido, le dijo en tono serio y pausado:

No debéis afligiros, mi señor, no tenéis mas que proporcionarme una bolsa y un par de botas para andar por entre los matorrales y veréis que vuestra herencia no están pobre como pensáis.

Aunque el amo del gato no abrigara sobre esto grandes ilusiones, le había visto dar muestras de agilidad para cazar ratas y ratones, como colgarse de los pies o esconderse en la harina para hacerse el muerto, que no desespero de verse socorrido por él en su miseria. Cuando el gato tuvo lo que había pedido, se coloco las botas y echándose la bolsa al cuello, sujeto los cordones de esta con las dos patas delanteras, y se dirigió a un campo donde habían muchos conejos. Puso afrecho y hiervas en su saco y tendiéndose en el suelo como si estuviese muerto, aguardo a que algún conejillo, poco conocedor aun de las astucias de este mundo, viniera a meter su hocico en la bolsa para comer lo que había dentro. No bien se hubo recostado, cuando se vio satisfecho. Un atolondrado conejillo se metió en el saco y el maestro gato, tirando de los cordones, lo encerró y lo mato sin misericordia.

Muy ufano con su presa, fuese donde el rey y pidió hablar con el. Lo hicieron subir a los aposentos de su majestad donde, al entrar, hizo una gran reverencia ante el rey, y le dijo:

_He aquí, Majestad, un conejo de campo que el señor marques de Carabas (era el nombre que invento para su amo) me ha encargado obsequiaros de su parte.

Dile a tu amo, respondió el juez, que le doy las gracias y que me agrada mucho.

En otra ocasión, se oculto en un trigal, dejando siempre su saco abierto' y cuando entraron dos perdices , tiro los cordones y las cazo a ambas. Fue en seguida a ofrendárselas al rey, tal como había hecho con el conejo en el campo. El Rey recibió también con agrado dos predices, y ordeno que le diesen de beber.

El gato continuo así durante dos o tres meses llevándole de vez en cuando al rey productos de caza de su amo. Un día supo que el rey iría a pasear a orillas del río con su hija, la más hermosa princesa del mundo, y le dijo a su amo:

_Si queréis seguir mi consejo, vuestra fortuna esta hecha: no tenéis más que bañaros en el río en el sitio que os mostrare, y en seguida yo haré lo demás.

El marques de Carabás hizo lo que su gato le aconsejo, sin saber de que serviría. Mientras se estaba bañando el rey paso por ahí, y el gato se puso a gritar con todas sus fuerzas:

¡Socorro, socorro! ¡El señor marques de Carabás se esta ahogando!

Al oír el grito, el rey asomo la cabeza por la portezuela y reconociendo al gato que tantas veces lo había llevado caza, ordeno a sus guardias que acudieran rápidamente a socorrer al marques de Carabás. En tanto que sacaba del río al pobre marqués, el gato se acerco a la carroza y le dijo al rey que mientras su amo se estaba bañando unos ladrones se habían llevado sus ropas peses a haber gritado ¡al ladrón! con todas sus fuerzas' el pícaro del gato las había escondido debajo de una enorme piedra.

El rey ordeno de inmediato a los encargados de sus guardarropa que fuesen a buscar las mas bellas vestiduras para el señor marques de Carabás. El rey le hizo mil atenciones como el hermoso traje que le acababan de dar realzaba su figura, ya que era apuesto y bien formado, la hija del rey lo encontró muy de su agrado; basto que el marques de Carabás le dirigiera dos o tres miradas sumamente respetuosas y algo tiernas y ella quedo locamente enamorada.

El rey quiso que subiera a su carroza y lo acompañara en el paseo. El gato encantado de ver que su proyecto empezaba a resultar, se adelanto, y habiendo encontrado a unos campesinos que segaban un prado, les dijo:

_Buenos segadores, si no decís al rey que el prado que estáis segando es del marques de Carabás, os haré picadillo como carne de budín.

Por cierto que el rey pregunto a los segadores de quien era eses prado que estaban segando.

_Es del señor marques de Carabás, dijeron a una sola voz, puesto que la amenaza del gato los había asustado.

_Tenéis aquí una hermosa heredad, dijo el rey al marques de Carabás.

_Veréis ,Majestad, es una tierra que no deja de producir con abundancia cada año. El maestro gato, que iba siempre delante, encontró a unos campesinos que cosechaban y les dijo:

_Buena gente que estáis cosechando, si no decís que todos estos campos pertenecieron al marques de Carabás, os haré picadillo como carne de budín.

El rey, que paso momentos después, quiso saber a quien pertenecían los campos que veía.

Son del señor marques de Carabas, contestaron los campesinos, y el rey nuevamente se alegro con el marques.

El gato, que iba delante de la carroza, decía siempre lo mismo a todos cuantos encontraba y el rey estaba muy asombrado con las riquezas del señor marques de Carabás.

El maestro gato llego finalmente ante un hermoso castillo cuyo dueño era un ogro que rico que jamás se hubiera visto, pues todas las tierras por donde habían pasado eran dependientes de este castillo.

El gato, que tuvo la precaución de informarse acerca de quien era este ogro de lo que sabia hacer , pidió hablar con el, diciendo que no había querido pasar tan cerca del castillo sin tener el honor de hacerle la reverencia. El ogro lo recibió en la forma mas cortes que puede hacerlo un ogro y lo invito a descansar.

_Me han asegurado, dijo el gato, que vos tenias el don de convertiros en cualquier clase de animal, que podíais, por ejemplo, transformaros en león, en elefante.

_Es cierto, respondió el ogro con brusquedad, y para demostrarlo, veris como me convierto en león.

El gato se asusto tanto al ver a un león delante de el que en un santiamén se trepo en canaletas, no sin pena ni riesgo a causa de las botas que nada servían para andar por las tejas.

Algún rato después, viendo que el ogro había recuperado su forma primitiva, el gato confeso que había tenido mucho miedo.

_Además me han asegurado, dijo el gato, pero no puedo creerlo, que vos también tenéis el poder de adquirir la forma del mas pequeño animalillo' por ejemplo que podéis convertiros en un ratón , en una rata os confieso que eso me parece imposible/

_¿Imposible?, repuso el ogro , ya veréis , y al mismo tiempo se transformo en una rata que se puso a correr por el piso.

Apenas la vio, el gato se echo encima de ella y se la comió.

Entretanto, e creí que al pasar vio el hermoso castillo del ogro, quiso entrar. El gato, al oír, el ruido del carruaje que atravesaba el puente levadizo, corrió adelante y le dijo al rey:

_Vuestra majestad sea bienvenida al castillo del señor marques de Carabás.

_¡Como, señor marques, exclamo el rey, este castillo también os pertenece! Nada hay mas bello que este patio y todos su edificios que lo rodean; veamos el interior, por favor. El marques ofreció la mano de la joven princesa y siguiendo al rey que iba primero entraron a una gran sala donde encontraron una magnifica colación que el ogro había mandado a preparar para su amigos que vendrían a verlo ese mismo día, los cuales no se habían atrevido a entrar, sabiendo que el rey estaba allí.

El rey, encantado con las buenas cualidades del señor marques de Carabás, al igual que su hija que ya estaba loca de amor, viendo los valiosos bienes que poseía, le dijo, después de haber bebido cinco o seis copas:

_Solo dependerá de vos, señor marques, que seáis mi yerno.

El marques, haciendo grandes reverencias, acepto el honor que le hacia el rey; y ese mimos día se caso con la princesa. El gato se convirtió en gran señor y ya no corrió tras las ratas sino para divertirse.

MORALEJA

En principio parece ventajoso
contar con un legado sustancioso
recibido en heredad por sucesión;
mas los jóvenes, en definitiva
obtienen del talento y la inventiva
mas provecho que de la posición.


OTRA MORALEJA

Si puede el hijo de un molinero
en una princesa suscitar sentimientos
tan vecinos a la adoración
es porque el vestir con esmero
ser joven, atrayente y atento
no son ajenos a la seducción.

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