martes, 9 de diciembre de 2008

ALEJANDRO Y EL SUEÑO EXTRAORDINARIO.

ALEJANDRO Y EL SUEÑO EXTRAORDINARIO.

La casa en que vive Alejandro es bastante grande: eso explica que se le pierdan tantas cosas y que siempre esté buscando algo por los rincones.
-¿Será posible que hayas perdido otra vez tu lápiz? -pregunta la mamá de Alejandro al verlo arrastrarse debajo del sofá. ¡Si sólo fuera el lápiz!

Desde que volvió del colegio, Alejandro ha perdido, además, una goma, dos caramelos y un pañuelo. La desaparición de los caramelos es lo que más lamenta: eran de limón. La goma no puede estar lejos, a pesar de que rebota como un ratón y le gusta esconderse en los lugares más oscuros.
En cuanto al pañuelo, más vale que nadie lo encuentre porque no está muy limpio.

A Alejandro le gustaría ser un niño ordenado porque es muy práctico poder encontrar los útiles del colegio, la ropa o los juguetes donde uno cree haberlos dejado. Pero la verdad es que todas las cosas de Alejandro parecen tener patitas: apenas las pone en un sitio, ¡zas!, desaparecen. -Eso le pasa porque es muy distraído -explica la mamá de Alejandro a la tía Josefina, que ha venido de visita.
La tía Josefina es muy agradable, pero a veces se pone severa y agita un dedo sobre la cabeza de Alejandro, diciendo cosas tan sorprendentes como ésta: -Si no tienes más cuidado, un día de estos vas a perder tu propio nombre. ¡Perder su propio nombre! Mucho tiempo después de que la tía Josefina se haya marchado, Alejandro sigue recordando sus extrañas palabras. Menos mal que antes de irse a la cama, logra encontrar la goma, el lápiz y uno de los caramelos. El otro parece haberse esfumado para siempre, a menos que se lo haya comido Bip, el perro de la casa.

A la mañana siguiente, Alejandro se levanta de buen humor para ir al colegio. Se sabe muy bien la lección de geografía y eso pone contento a cualquiera. Sale corriendo de su casa pero, apenas llega a la esquina, tiene que volver a buscar la cartera, que se ha quedado sobre la cama como si tuviera más sueño.
Ahora si, hay que darse prisa porque es una pena saber perfectamente la lección y llegar tarde justo ese día. Alejandro trepa el colectivo y cuando va a pedir su boleto, se queda helado: ¡no puede pagarlo! Las monedas que tenía preparadas sobre la mesa deben estar muertas de risa al ver que se ha olvidado de tomarlas. ¿Qué hacer? Alejandro reúne todo su coraje y se acerca al conductor: -Por favor, déjeme bajar -dice, poniéndose muy colorado-. Olvidé el monedero en casa. -Está bien, muchacho -dice un señor que lo ha oído todo-. Yo te pagaré el boleto para que no llegues tarde a la escuela.
Alejandro dice "Gracias, señor", y se queda muy avergonzado.

Porque díganme, amigos, ¿no es raro que a uno se le olviden tantas cosas? ¿No será que las cosas se ocultan a propósito para que no las olvide? meditando esta curiosa idea, Alejandro llega al colegio y se encuentra en la puerta con Gonzalo y José María, sus mejores amigos. Las primeras horas pasan volando como una bandada de pájaros. Al final de la mañana, durante la clase de lectura, todos los chicos tienen sus libros abiertos sobre los pupitres. Todos menos uno ... "¿Será posible que el libro de lectura se haya salido sólo de la cartera?", se pregunta Alejandro.

Cuando vuelve a casa, revuelve todo su cuarto en busca del libro perdido. ¿Y a que no adivinan dónde estaba?¡Dentro del cajón de los juguetes! Alejandro no lo puso allí, está seguro, pero quizás los juguetes decidieron aprender a leer... Esa noche, Alejandro sueña que sus juguetes, con enormes anteojos como los del abuelo, se sientan en los pupitres de la escuela y aprenden a leer.

Los anteojos no le quedan mal a la jirafa Pintona, ni al oso Canelo, ni a los títeres del teatro de marionetas. ¡Pero el avión cazabombarderos si que está raro con las patillas de los anteojos sujetadas en los reactores! La mañana llega pronto.

Es un día especialmente hermoso porque el papá de José María ha invitado a los amigos de su hijo a ir de excursión... Alejandro se lava y se viste a toda velocidad. Cuando aterriza en la cocina, su mamá está preparando un sabroso paquete: milanesa, tortilla, jamón, queso... ¡Dan ganas de comerlo todo ahora mismo! -Tendrás más hambre luego -dice la mamá, guardando las provisiones en un bolsón. Alejandro termina la leche y corre a la ventana.

¡Que espléndido día! El papá de José María llevará a cinco chicos a pescar en un río, lejos de la ciudad. Dejarán el auto en un pueblo y luego caminarán por el campo abierto. Además de José María, irán Gonzalo y los dos hermanos Hernán y Javier, dos chicos deportistas y simpáticos. "¡Boing, Boing"! Alejandro casi salta al oír el saludo del auto. Cuatro chicos corren hacia la casa, mientras el papá de José María saluda al papá de Alejandro y dice alegremente: -¡Vamos, que se hace tarde! -No olvides tu comida -grita la mamá de Alejandro, que aparece en la puerta con el bolsón en la mano.

Alejandro toma el bolsón y se va, abrazado con sus amigos. ¡Que mañana gloriosa! Los excursionistas llevan casi dos horas caminando por el campo. Alejandro es el más alegre, el que más se divierte. Los demás parecen algo cansados: el papá de José María lleva las cañas de pescar, su hijo carga una bolsa, Gonzalo ha atado su paquete a un palo, Javier transporta las provisiones en la cartera del colegio y Hernán sostiene una pesada cantimplora con agua. Sólo Alejandro tiene las manos libres: ¡ha olvidado su bolsón en el auto! Menos mal que sus amigos repartirán con él su comida... -¡Este chico es incorregible! -dice la mamá de Alejandro al enterarse de lo sucedido. -¡Todo lo olvida o lo pierde! -comenta el papá, disgustado. -¡Un día va a perder su propio nombre! -añade la tía Josefina. Pero Alejandro está tan cansado que, sin cenar, se va a la cama. Pero ... ¿que pasa ahora? En cuanto apaga la luz, la habitación se llena de colores y de voces. De pronto, Alejandro ve que los juguetes salen del cajón, con sus anteojos y sus libros. Se frota los ojos, maravillado, y se maravilla más aun cuando la jirafa Pintona abre un libro y dice: -Vamos a pasar lista para hacer un viaje extraordinario. A ver, ¿está el oso Canelo? ¿Están los títeres Tip y Top? ¿Está el cazabombarderos? -!Sí, sí, sí! -gritan los juguetes. -¡Yo también quiero ir! -suplica Alejandro, pero la jirafa Pintona lo mira severamente y dice: -¿Cómo te llamas? Veré si tu nombre está en la lista de viajeros. Alejandro va a contestar, ¡pero no le sale su nombre! Entonces, recuerda las palabras de la tía Josefina y hace un esfuerzo: "¡no es posible que haya olvidado mi propio nombre!", piensa. -¡Vamos, que se hace tarde! -dice la jirafa pintona, y en la confusión de la partida, nadie vuelve a preguntarle a Alejandro como se llama.

Así que, tomados de la mano, todos vuelan hacia un arco iris. De pronto, el grupo se suelta y Alejandro se encuentra sin saber como en un magnífico salón, ante una mesa ricamente servida. Pero lo más extraordinario es que alrededor de la mesa se sientan los personas que Alejandro siempre soñó conocer: el Jefe indio Nube Roja, Alicia, la del País de las Maravillas, Sandokan, el Tigre de Malasia, el Hombre del Espacio y su Robot, Don Quijote y Sancho Panza ...

¡Eso es mucho mejor que una fiesta de cumpleaños! -¿Quién es ese invitado? -Pregunta Alicia, señalando a Alejandro. Todos esperan en silencio, pero el sólo puede decir: "Yo soy... Me llamo ... Mi nombre es ...", sin aclarar absolutamente nada. -No queremos desconocidos aquí -dice severamente Sandokan. -¡Yo no soy un desconocido! -grita Alejandro, tratando en vano de recordar su nombre-. Yo me llamo ... Yo soy... Pero nada: ni la menor idea de quién es ni de cómo se llama. Es terrible. -Déjenlo pasar Vuestra Mercedes -interviene Don Quijote, siempre bondadoso y caballero. -Quizás recuerde su nombre cuando haya comido -añade Sancho Panza. Alicia hace un gestito de desaprobación, pero nadie se opone formalmente a que Alejandro se siente a la mesa. Una vez allí, surge otro problema: -¿Dónde estar tu tenedor? -pregunta el Jefe Nube Roja. Es cierto: todos tienen tenedor menos Alejandro, quien piensa con amargura: "Seguramente lo he perdido en algún sitio". Así que tiene que prestarle su tenedor el Robot, ya que puede tomar las cosas con su pinza. La comida no es tan agradable como Alejandro había esperado: todos los personajes le piden constantemente cosas que el no puede darles.

Alicia se encapricha con que quiere un caramelo, justamente aquel caramelo que Alejandro nunca logró encontrar. El Hombre del Espacio necesita un lápiz para explicar como vuela su nave, pero Alejandro no puede recordar donde esta su caja de útiles. Sandokan pide más queso, pero Alejandro se olvidó en el auto el bolsón de las provisiones... La verdad es que se pasa toda la comida dando explicaciones. De pronto, Alejandro se siente muy aburrido. Al notar que los ojos se le cierran de sueño, todos los personajes se ponen a reír a carcajadas: -¡Ja, Ja! -exclama el Jefe Nube Roja-. ¡El querer dormir y seguramente el haber perdido su cama! -¡Ja, Ja! -ríe Alicia-. ¡Quiere dormir y seguramente ha perdido su sueño! Sólo Don Quijote, menos juguetón, se acerca a Alejandro y, tomándolo de la mano, lo acompaña hasta su cama. Allí, lo tapa con una colcha bordada, que quién sabe de dónde ha salido. Antes de dormirse, Alejandro se fija en el bordado de la colcha, que forma la palabra "Alejandro". ¡Ahí está su nombre, por fin! Con un suspiro de alivio, cierra los ojos y se duerme del todo.

A la mañana siguiente, Alejandro recuerda cada detalle de su extraordinario viaje. También, cosa rara, encuentra sus zapatillas casi en seguida. Luego, guarda sus lápices, sus gomas y sus caramelos, cada uno en su lugar. Pone los libros en la cartera, y la cartera sobre la mesa, junto a las monedas para el autobús. Porque Alejandro ha decidido, de una buena vez, que las cosas no se pierden si uno no les permite hacerlo. ¿De dónde viene el nombre Alejandro?

ESPECIAL PARA ALEJANDROS Y ALEJANDRAS

El nombre ALEJANDRO viene de muy lejos y es muy antiguo. Las primeras personas que se llamaron así nacieron donde se juntan Europa y Asia. El más famoso de todos los Alejandros es Alejandro El Grande, o Alejandro Magno. Nació hace mas de 2.300 años y fue el emperador más joven y poderoso de la Historia. Fundó un inmenso imperio y muchas ciudades, de las cuales la más hermosa es Alejandría. Alejandría, llamada así en recuerdo de Alejandro, es hoy un gran puerto de Egipto. Hace muchísimo tiempo tenía una maravillosa Biblioteca y un Faro, hoy desaparecidos. El Faro de Alejandría, que media más de cien metros de altura, fue una de las Siete Maravillas del Mundo. Otro Alejandro famoso es el doctor Alejandro Fleming, que descubrió la penicilina y recibió por ello el Premio Nobel en 1945. Preocupado al ver que las heridas se infectaban, encontró un pequeño hongo que tenía el maravilloso poder de curar. El que quiera darle las gracias a ese hongo tan amable, puede encontrarlo, por ejemplo, en las venitas verdes del queso Roquefort. ¿Cómo se dice "yo me llamo Alejandro" en otros idiomas?

En Francés

Je m'appelle Alexandre Ye mapel Alexandr

En Italiano

Mi chiamo Alessandro Mi quiamo Alessandro

En Inglés

My name is Alexander Mai neim is Alexander

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